Frenazo a la motosierra: la selva respira en los Parques Nacionales
Vea, le cuento que en medio de tanto tire y afloje con el clima, nos llegó un respiro tremendo desde lo más profundo de nuestras selvas. Resulta que las áreas más sagradas del país, nuestros Parques Nacionales Naturales (PNN), le metieron un freno de mano tenaz a la tala de árboles. Según el reporte consolidado del Ideam, la deforestación dentro de 14 de estos parques emblemáticos del país —incluyendo titanes de la biodiversidad como Chiribiquete y La Macarena— logró bajar un impresionante 54%, dándoles un segundo aire a los pulmones de Colombia.
La vuelta no fue cuestión de suerte ni de que los taladores se fueran a dormir; el asunto es que se activó con toda el Plan Integral de Contención de la Deforestación. El meollo del éxito estuvo en que se pusieron las pilas con el programa “Conservar Paga”, metiéndole billete al asunto para beneficiar a 6.730 familias campesinas, indígenas y afrodescendientes. A punta de incentivos económicos directos para que la gente cuide en vez de tumbar, se logró blindar de un solo tacazo más de 270.000 hectáreas de bosque virgen en zonas críticas como Putumayo, Caquetá, Guaviare y el sur del Meta.
Sin embargo, ojo al dato porque no todo es soplar y hacer botellas. Mientras los parques se defendieron con garras y dientes, a nivel nacional el monstruo de la deforestación sigue al acecho y cerró el año con 72.409 hectáreas afectadas en todo el país, lo que representó un repunte del 6% en comparación con el periodo anterior. Las alertas tempranas del satélite mostraron que el chicharrón ya no es por cultivos ilícitos, sino por culpa de terratenientes pesados dedicados al acaparamiento de tierras, la construcción de vías ilegales y la ganadería extensiva que tumba monte para meter vacas.
Para plantarle cara a esta problemática, las autoridades ambientales y las fuerzas de control tuvieron que ir a camellar directamente al barro y meterse a las zonas más calientes. El informe independiente destaca que los operativos en territorio permitieron el desmantelamiento total de 19 puntos de minería ilegal y la destrucción de 17 dragas gigantescas que estaban envenenando los ríos del Parque Nacional Natural Río Puré, además de frenar en seco la apertura de trochas clandestinas que pretendían romper el corazón de la Serranía de Chiribiquete.
Al final del día, la conclusión que nos deja este balance es que la estrategia de aliarse con las comunidades sí da frutos, pero no nos podemos dormir en los laureles. La meta del Plan Nacional de Desarrollo sigue siendo ambiciosa: mantener la reducción de la deforestación en un 20% frente a la línea base de 2021. La pelea por salvar la Amazonía y nuestros parques sigue viva en este 2026, y el reto es que ese respiro del 54% que ganaron los parques se contagie a todo el territorio nacional antes de que los bosques se vuelvan pura pampa.
