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¿De dónde viene?

¡Pilas, mi gente! Por fin se armó la gorda con la Ley del Origen de la Carne, una movida que nos pone a todos a saber de dónde viene la carnecita que metemos al plato. Ya no nos van a meter gato por liebre, pues esta norma obliga a que cada pedazo de carne tenga su “pasaporte”, detallando desde qué finca salió el ganado hasta el frigorífico donde se procesó. Es un hito para el país que busca darle transparencia a un mercado que nos mueve el corazón y la barriga.

​La cosa es en serio y los números no mienten. El sector ganadero en Colombia no es cualquier cosa, pues representa el 1.4% del PIB nacional y cerca del 50% del PIB pecuario. Con esta ley, se busca proteger ese camello que genera más de 1.1 millones de empleos directos. Al saber que la carne es 100% criolla y legal, se le pone el tajo al contrabando que tanto daño le hace al bolsillo de los productores honestos y a la salud de todos nosotros.

​Ojo al dato, porque esto no es solo por fregar. El consumo de carne de res en el país ronda los 17 kilos por persona al año, y la idea es que cada bocado sea seguro. La ley establece un sistema de trazabilidad que permite rastrear cualquier problema sanitario en tiempo récord. Si un lote sale maluco, ya sabemos exactamente de dónde vino, evitando que se riegue la bola y se afecte a todo el gremio por culpa de unos pocos.

​Para los que se preguntan cómo nos beneficia, la respuesta es sencilla: confianza y exportación. Con este sello de calidad, nuestra carne puede sacar pecho en los mercados internacionales más exigentes, como los de Asia y Europa. Entre más claro sea el origen, más billete entra al campo colombiano. Actualmente, Colombia exporta miles de toneladas al año, y con estas reglas de juego claras, esa cifra va a subir como espuma, poniendo nuestro producto en lo más alto.

​Así que ya sabe, la próxima vez que vaya a la carnicería o al asado del domingo, puede estar tranquilo. Esta ley es un espaldarazo para el agro y una garantía de que lo que se sirve en la mesa es de calidad. Estamos ante un cambio de chip donde la tecnología y el campo se dan la mano para que el consumidor mande. ¡A celebrar con un buen corte, que ahora sí sabemos que es calidad garantizada!

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