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Un rescate de película en el Guainía


​¡No se imaginan la alegría que nos da esta noticia así! Imagínense que en las profundidades de la selva de Inírida, allá donde el verde no termina nunca, una cachorrita de tigrillo (un ocelote para los más técnicos) de apenas un mes de nacida estaba a punto de terminar en las manos equivocadas. Resulta que las tropas de la Brigada 28 del Ejército le dañaron el caminado a unos traficantes que pretendían vender a esta belleza. La pobre estaba solita, probablemente porque los delincuentes ya habían acabado con su mamá, y la tenían lista para mandarla quién sabe a dónde como si fuera un juguete.

​Lo que más indigna, pero a la vez muestra la importancia del rescate, es el “negocio” sucio que hay detrás. En el mercado negro, un ejemplar de estos puede llegar a costar hasta $7 millones de pesos. ¡Una locura! El tráfico de fauna es el tercer negocio ilícito que más plata mueve en el mundo después de las armas y las drogas, y nuestra Amazonía es el blanco principal. Menos mal que el ejercito se puso las pilas y, en medio de un operativo de control, lograron poner a salvo a la felina antes de que saliera del departamento.

​La logística para salvarla fue nivel experto. Como la tigrilla es apenas una bebé, no aguantaba un viaje largo por trocha o río, así que le tocó estrenar alas: fue trasladada en un helicóptero del Ejército bajo protocolos de cuidado súper estrictos. Los soldados, que uno a veces ve tan rudos, se lucieron cuidando que no se estresara demasiado. Una vez en tierra firme, la entregaron a los expertos de la CDA (Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y el Oriente Amazónico), quienes son los que saben cómo tratar a estos animales cuando quedan huérfanos tan chiquitos.

​Ahorita mismo, la pequeña está en manos de veterinarios y biólogos que le están haciendo un chequeo completo. El reporte dice que, por fortuna, está sana y salva, aunque un poco bajita de peso por el susto. Le están dando una dieta especial basada en carne para que recupere fuerzas y crezca con toda la energía de su especie. La meta es que, si todo sale bien y aprende a cazar por sí misma, pueda volver algún día a la libertad, que es donde realmente pertenece.

​Este rescate no es un dato menor, es un mensaje directo para los que creen que pueden disponer de nuestra biodiversidad a su antojo. Solo en lo que va de 2026, las autoridades han recuperado cientos de especies en todo el país, pero casos como el de esta tigrilla en Guainía nos recuerdan que la pelea contra el tráfico de fauna se gana con ojos en todas partes. ¡Qué buena nota saber que esta historia terminó con un final feliz y no en la sala de algún irresponsable!

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