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El pescado en semana santa

​La cosa es que aquí en Colombia somos más tradicionales que el arroz con huevo, y todo viene de esa herencia católica que nos inculcaron desde chiquitos. La regla dice que en Semana Santa no se puede comer carne de res porque eso es símbolo de fiesta y lujo, y la idea es estar en plan de sacrificio por lo que pasó con Yisus. Entonces, para no pecar pero tampoco quedarse con el estómago vacío, la gente se volcó al pescado, que siempre se ha visto como algo más “humilde”.


​Además, nos favorece que este país está lleno de agua por todo lado. Entre el Magdalena, el Cauca y los dos mares, pues pescado es lo que hay, mijo. Lo que empezó como un “toca comer esto” se volvió el negocio socio, en la temporada de semana santa; los pueblos pescadores se ponen las pilas y mandan todo ese pescado seco o fresco para las ciudades, y así se mueve la platica en las regiones mientras uno cumple con la vigilia religiosa.


​Ya es tradicional que si es Viernes Santo, en la mesa tiene que haber un buen pescado frito, un viudo de capaz o ese arroz de coco que sabe a gloria. Para muchas familias, más allá de ir a misa o ver las procesiones, el parche de verdad es reunirse a comer rico. Se volvió el momento perfecto para que la tía, el abuelo y los primos se sienten a darle gusto al diente con lo que nos da el río o el mar.


​Al final del día, esto ya es más maña y tradición que cualquier otra cosa. Uno puede que no se sepa ni un Padre Nuestro completo, pero llega la Semana Mayor y automáticamente se le antoja su mojarra o su bagre. Es como un chip que tenemos instalado: Semana Santa sin pescado simplemente no sabe a nada, y es la excusa perfecta para recordar los sabores de la casa y mantener viva la costumbre que nos heredaron las abuelas.

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