Naturaleza

Isla Fuerte la está rompiendo con su modelo de turismo comunitario

​En este rincón del Caribe, la misma comunidad se echó al hombro el cuidado de sus playas, montó festival de cine propio y demostró que para progresar solo se necesita organización y ganas.

​Olvídese de los megaproyectos hoteleros llenos de cemento; aquí la jugada es a otro precio. Los habitantes de Isla Fuerte decidieron no quedarse cruzados de brazos esperando que papá Estado les resuelva la vida y se armaron un modelo de turismo ecológico autogestionado que hoy es la envidia de muchos. La cosa ha salido tan bien que el turismo sostenible ya genera más de 50 empleos directos en la región y logra que más del 85% de las personas que atienden a los viajeros sean puros talentos locales, dinamizando la economía de la isla sin perder su esencia.

​El asunto no es solo recibir gente para que tome el sol y ya. Estos isleños se dieron cuenta de que el verdadero tesoro es el territorio y se pusieron la camiseta con proyectos ambientales de alto impacto. Entre sus mayores logros comunitarios está la iniciativa “Corales Sin Fronteras”, enfocada en sembrar arrecifes para recuperar el ecosistema marino, y el programa “Nidos de Vida”, donde los mismos pescadores nativos que antes cazaban tortugas, ahora cuidan sus huevos bajo estrictos protocolos internacionales. Por si fuera poco, le metieron el diente al reciclaje transformando el plástico que llega del mar en adoquines y reutilizando el vidrio para obras de construcción locales.

​Pero espere que ahí no para el asunto. Lo que tiene a todo el mundo boquiabierto es cómo combinaron la naturaleza con el arte. El Festival Internacional Cine en la Isla (FECISLA) ya se convirtió en un parche sagrado que conecta a los visitantes con la cultura afro. En las noches, las playas se vuelven salas de cine bajo las estrellas donde se proyectan cortometrajes nacionales y videoclips comunitarios que rescatan los saberes ancestrales de la región. Es una experiencia tan auténtica que ha disparado las visitas de turistas de Bogotá, Medellín y Montería, logrando además que un 10% de los viajeros sean extranjeros que llegan buscando un Caribe real y consciente.

​Hacer turismo acá es otro cuento porque la misma gente maneja el negocio. Desde los 22 jóvenes nativos que se capacitaron a pulso para ser guías certificados en historia afro y avistamiento de aves, hasta las escuelas de arte como Strong Island, todo se sostiene con las dinámicas de la comunidad. Aquí el agua se saca con pozos naturales, la energía se cuida con el alma y los alojamientos operan bajo un esquema de bajo impacto ambiental que absorbe más de 109.000 kilos de CO₂ al año, demostrando que sí se puede vivir del turismo sin tirarse el paraíso.

​Al final del día, lo que está pasando en Isla Fuerte es una lección de autonomía para todo el país. Sin depender de auxilios ni de burocracia, sus 3.000 habitantes demostraron que la sostenibilidad no es un discurso de corbata, sino una realidad que se construye con las uñas y en equipo. Así que ya sabe, si quiere pegarse una escapada que de verdad apoye al pueblo y cuide el planeta, empaque maletas para Isla Fuerte, porque allá el turismo comunitario no es un cuento, ¡es una realidad que está marchando sobre ruedas!

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