¡El milagro del agua en la alta Guajira!
¡No es carreta! Mientras en medio país nos quejamos porque el agua sale tibia, en La Guajira la cosa es a otro precio. Por eso, Ecopetrol se pegó una “rodadita” hasta el desierto y, junto a las comunidades Wayúu de Manaure y Riohacha, montaron un proyecto que es una elegancia: mezclar la sabiduría de los abuelos con tecnología que parece de la NASA para recuperar agua potable. Ya no es solo esperar a que llueva, sino saber buscarla y limpiarla para que nadie más pase trabajos.
La jugada maestra fue recuperar los famosos “jagüeyes” (esos reservorios ancestrales donde recogen el agua lluvia) pero metiéndoles ciencia. No se quedaron solo en el hueco en la tierra; ahora usan la técnica “Keyline”, que es básicamente diseñar canales para que el agua no se pierda y se infiltre mejor en el suelo. A esto súmele plantas desalinizadoras que funcionan con pura energía solar. ¡Imagínese esa maravilla! Usar el solazo que hace allá arriba para quitarle la sal al agua y dejarla listica para el consumo humano.
Hablemos de números, porque la platica se ve reflejada. Ecopetrol, junto a Esepgua y la Alcaldía de Manaure, se metieron la mano al dril con una inversión de más de $10.200 millones de pesos. Gracias a ese “billete”, hoy más de 10.000 personas de 82 comunidades indígenas en el corregimiento de Manzana ya no tienen que caminar horas por una pimpina. Montaron seis pilas públicas con capacidad de almacenar 20.000 litros cada una. ¡Eso es mucha agua, mijo!
Pero la cosa no para ahí. Como el sol en La Guajira no perdona, instalaron paneles solares para que las plantas de tratamiento operen sin gastar un peso en luz eléctrica. Además, entregaron un carrotanque de 10.000 litros para repartir el líquido a los puntos más alejados y 450 pimpinas nuevas para que las familias guarden su tesoro bien limpio. Es un sistema redondo donde la comunidad no solo recibe el agua, sino que aprende a manejar la tecnología para que el proyecto no se “vaya a pique” en dos meses.
Lo más bacano de todo esta vuelta, es el respeto por la cultura. No llegaron a imponer cosas raras, sino que se sentaron con las autoridades tradicionales y armaron comités de agua. Ya van más de 78 comités conformados, donde los mismos Wayúu son los que mandan en la operación. Es una mezcla de lo moderno con lo de siempre: ciencia para desalinizar y la mano de la comunidad para cuidar el recurso.
Así que ya sabe, mientras algunos piensan que en el desierto no hay futuro, esta alianza está demostrando que con ganas y tecnología se puede hacer “brotar” vida hasta en la piedra. El objetivo es claro: bajarle a la desnutrición y que el agua potable deje de ser un lujo para convertirse en el derecho que es. ¡Un aplauso para esa gente que se puso la diez por la sed de nuestros hermanos Wayúu!
