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Medellín a blanco y negro con el Panamericano de Ajedrez

​Medellín se anotó un auténtico ‘jaque mate’ organizativo esta semana. Tras 19 largos años de espera, la capital antioqueña volvió a transformarse en el epicentro absoluto del deporte mental en el continente al albergar la trigésimo sexta edición del Festival Panamericano Juvenil de Ajedrez. Las instalaciones del Coliseo de Combate Guillermo Gaviria Correa, en plena zona deportiva de Laureles-Estadio, se llenaron de tableros, silencios expectantes y un ambiente de pura concentración que dejó claro que en esta tierra el talento no falta.

​La cosa no fue jugando; el torneo estuvo bien ‘pesado’ y el despliegue de personalismo fue de no creer. Más de 450 competidores oficiales de 26 países americanos se citaron en la ciudad para medirse el aceite bajo el exigente formato de Sistema Suizo a 9 rondas. La delegación tricolor sacó pecho en casa con figuras de la talla de Anthony Steve Madrigal y Juan Jacobo Bolaños, quienes lideraron el batallón local y demostraron que a los colombianos no les tiembla la mano a la hora de mover los trebejos frente a potencias de la disciplina como Canadá y Estados Unidos.

​Haciendo cuentas, las estadísticas oficiales demostraron el tremendo impacto que este certamen le dejó a la región. Con un Elo promedio de 1630 puntos y una media de edad de apenas 13 años entre los chicos de las categorías Sub-8 a Sub-18, el nivel técnico estuvo por las nubes. Pero el asunto no se quedó solo en las mesas de competencia, pues sumando a los entrenadores, delegados internacionales y las familias de los tableros, el evento arrastró a más de 1.500 visitantes que coparon la hotelería y la gastronomía local, dejando buen balance económico, para sacarse el sombrero.

​Los muchachos se batieron en tres modalidades diferentes: la clásica o estándar (con un control de tiempo de 90 minutos más un incremento de 30 segundos por jugada), el formato Rapid y el siempre electrizante Blitz. Cada partida fue una batalla de puro cálculo y nervios de acero donde los jóvenes demostraron que, para ganarse una medalla continental, hay que sudar la camiseta hasta el último segundo del reloj.

​Al final de la jornada, la Federación Colombiana de Ajedrez (Fecodaz) y los organizadores paisas cerraron el evento con una sonrisa de oreja a oreja. La impecable logística no solo validó a Medellín como una sede de categoría internacional para citas grandes, sino que dejó sembrada una semilla gigante para el futuro de este deporte en el país, demostrando que con disciplina, apoyo y buena cabeza, el ajedrez colombiano está listo para coronar muchas reinas en el tablero mundial.

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