Regresan a casa más de 1.000 tesoros que nos tenían embolatados
Ya aterrizaron en el país más de 1.000 piezas arqueológicas que andaban por fuera de forma ilegal. No estamos hablando de cualquier “coroto”, sino de un cargamento de 1.166 objetos de un valor incalculable que fueron recuperados principalmente en Estados Unidos. Esta vuelta es el resultado de un camello duro de varios años para rescatar nuestra identidad que estaba regada por el mundo.
Para que se hagan una idea de la magnitud, el reporte oficial del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) muestra que entre lo recuperado hay de todo: desde hachas de piedra y cerámicas de nuestras comunidades antiguas, hasta piezas de orfebrería que son del carajo. Lo más impactante es que muchas de estas joyas fueron entregadas voluntariamente por coleccionistas que ya no querían tener problemas legales, mientras que otras las rescataron “en la jugada” durante operativos contra el tráfico ilícito.
La estadística no miente y la cosa es seria: según datos de la Cancillería, en los últimos años se ha logrado la repatriación de más de 3.500 bienes culturales en total, lo que significa que nos estamos poniendo las pilas para que nadie se siga llevando lo nuestro. Esta vez, el lote más grande llegó gracias a la gestión de la Embajada en Washington, demostrando que cuando trabajamos en equipo con otros países, nuestro patrimonio regresa a donde pertenece.
Recuperar estos objetos es fundamental porque, como dicen los expertos, nos devuelve la memoria. No son solo adornos para un museo; son la prueba reina de cómo vivían, en qué creían y cómo trabajaban la tierra los que ocuparon este suelo hace miles de años. Según el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, tener estas piezas de vuelta ayuda a que los pelados en los colegios y la gente del común se sientan más orgullosos de sus raíces y de su historia.
Para cerrar con broche de oro, el plan ahora es que estas 1.166 piezas pasen por un proceso de limpieza y catalogación bien juicioso. La idea es que no se queden guardadas en una bodega, sino que se armen exposiciones para que todos podamos caer a verlas. Con esto, le dejamos claro al mundo que nuestro pasado no está a la venta y que, poco a poco, estamos recuperando todo lo que nos pertenece para que la cultura siga más viva que nunca.
